Fracaso y después

Por Sebastián Muape

La Selección Argentina de fútbol sumó otra derrota en una final, nuevamente ante Chile y por penales. La situación del plantel es inestable y un éxodo masivo de sus referentes aparece como un amenazante horizonte cercano. Como si fuera poco y a segundos de haberse producido el resultado, Lionel Messi sacudió al mundo anunciando su salida del equipo, asumiendo el peso de las finales perdidas y sus pocas ganas de seguir intentando. La crisis terminal en AFA completa un panorama absolutamente desolador.

Lionel
El chileno Francisco Silva ya destruyó un nuevo sueño, definiendo la serie de penales a la derecha de Romero, que fue hacia el otro palo. Messi camina hacia algún lado, se lleva su mano derecha a la cabeza y mira vaya uno a saber dónde. La mirada del crack argentino es un insondable vacío que nos lo muestra lleno de estupor e impotencia. Necesita una referencia espacial, una figura, una ayuda que no aparece ni va a aparecer, busca desesperadamente una explicación que ya, desde antes de intentarse, suena falaz. Entonces llora de cara a una platea. Lloramos todos. Unos momentos antes, tras una carrera de apenas dos pasos, quizás producto de alguna contractura en sus gemelos (se vio al médico del plantel masajear intensamente esa zona, una vez finalizados los noventa minutos), erró el primer penal tirándolo por encima del travesaño y a partir de ese momento se sintió vencido, perdido, culpable. Se advierte esta situación cuando uno observa que mientras sus compañeros patean, él camina en círculos como una fiera enjaulada, cubriéndose la cara con la camiseta, inequívoco síntoma de un hombre devastado. El astro argentino jugó una aceptable final, sobre todo desde lo actitudinal. Se mostró como opción de pase y hubo momentos en los que encaró a una muchedumbre de camisetas rojas que no le dieron tregua. Sus subalternos dentro del equipo -léase Agüero cuando entró, Higuaín o Banega- se dedicaron a mirar de lejos como él intentaba solo.
Lionel Messi tiene todo el derecho del mundo a renunciar al conjunto nacional, desde ya que sí; lo que no puede hacer es decir que la Selección no es para él y esgrimirlo como causa. Si no es para el mejor futbolista de este planeta en las últimas décadas ¿qué queda para el resto? Soñamos con un Messi campeón, necesitamos un Messi campeón; pero viendo que las copas miran para otro lado y que el “10” abrió la puerta para no ir a jugar, le pedimos que vaya a Rusia y que el final de su era con la blanca y celeste, lo muestre peleando un Mundial desde dentro de la cancha. Lo merece como ninguno por él, únicamente por él y por la estatura del futbolista que es.

Sangría
No le temamos al éxodo. Alguna vez se retiraron Kempes, Passarella, Maradona, Batistuta, Simeone, Ruggeri, Goycochea; aquellos que adornaron las vitrinas allá lejos y hace tiempo. Es hora de una renovación, o mejor dicho ya lo era el día posterior a Chile 2015. Ciclos cumplidos largamente, paupérrimos rendimientos, edad de cara a Rusia, bajones en partidos decisivos, planteles mal conformados. En estos rubros se inscriben Lavezzi, Di María, Agüero, Biglia, Higuaín y Mascherano. Los mismos que una vez conocida la postura de su Capitán, también dejaron entrever una factible salida del plantel. Nuevos vientos para la Selección Nacional, sangre nueva, sangre joven, sangre. Es hora de Funes Mori, Mercado, Gaitán, Kranevitter, Augusto. Quedan dos años para el Mundial y hay materia prima de calidad, busquen en nuestras canchas ya que las convocatorias amiguistas y según “DNI” no dan resultado. Se agotó el modelo que privilegia al que juega en Europa, por sobre el futbolista local; Gabriel Mercado es una prueba de ello. Costó mucho el prestigio conseguido, los menores de treinta casi no pudieron festejar aun. Antes de que esas fotos se pongan del todo sepia, es necesario pensar en repatriar a Messi y seducirlo armándole un equipo con hambre de triunfos y deseos de sumar otra estrella en esa gloriosa camiseta.

Fracaso
Porque era una competencia a la medida de Argentina, porque le ganó a Chile en eliminatorias de visitante y en fase de grupos sin Lionel. Porque fue un equipo arrollador en partidos menores y tibio en la final, cuando debía hervir. Porque Martino repitió el error de hace un año en la cita trasandina y resignó protagonismo en el segundo tiempo, estando diez contra diez y tiró el equipo veinte metros atrás, en lugar de rodear a Messi para que no lo encierren de a siete. Porque el DT ocupó un lugar con Pastore lesionado y otros lugares con Di María, Biglia y Banega en cancha, también sentidos. Porque mandó al propio Biglia a patear un penal, arrastrando su alma por la cancha. La acepción médica de la palabra “fracaso”, dice que es una alteración brusca del funcionamiento normal de un órgano. Entendiendo al equipo como tal y por todo lo mencionado anteriormente, no podemos menos que asumirlo y capitalizarlo en inmediatas enseñanzas. Perder no es un problema. Perder sistematizando errores, duele como nada.

Gris futuro
Entre el 3 y el 19 de agosto, se pondrá en juego la medalla de oro en fútbol en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Para esa competencia, Martino, aun al frente de la Selección, está trabajando en el predio de Ezeiza con un reducido grupo de jugadores. La negativa de algunos clubes europeos en ceder a futbolistas, tal el caso de Juventus con Paulo Dybala, la situación indefinida de Matías Kranevitter y su futuro en Atlético de Madrid o fuera de allí y la incertidumbre acerca de la situación de algunos referentes y su continuidad pintan de gris lo que viene. Martino está obligado a no fallar, al menos desde el armado del plantel. Eso le va a dar una real medida respecto a los jóvenes que pondrán el hombro en adelante, en lo que puede llegar a ser la etapa “post Messi”. Gerónimo Rulli, Emanuel Mammana, Ángel Correa, Giovani Lo Celso, son algunos de los nombres ya confirmados. Recordemos que el plantel olímpico es un sub 23, donde sólo puede haber tres mayores.
En lo referente a las Eliminatorias para 2018, Argentina va a recibir a Uruguay en Mendoza y luego viajará a Venezuela para completar la doble fecha; esto ocurrirá durante la primera semana de septiembre.
A trabajar Martino, urgente; el seleccionado perdió dos finales en trescientos cincuenta y siete días y ninguna de las dos nos dejó satisfechos, no desde el planteo, como tampoco desde el rendimiento de los históricos. Llegó el momento de dar un volantazo con coraje, con inteligencia, sin prejuicios y sin compromisos. El alma mater de este periódico me dejó una reflexión que voy a plagiar: la imposibilidad de salir campeón se reflejó en la cara de algunos jugadores, salvando las distancias, como la desolación que manifiesta la mujer que no logra engendrar, esa sensación de que nada puede compensar, la falta del sueño anhelado.



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