De reojo / Querido Diario

Por Sebastián Muape / sebasmuape@gmail.com



Madrugué, por la radio el locutor avisó que quienes roncan y babean, no pueden escuchar su programa. Me bañe y salí. Me informaron que esa era la vereda de los piolas, crucé, pero un señor me gritó: "dale, no te hagas el gil"; caminé por la calle. Un conductor me preguntó si era retardado, contesté que no, pero ya no escuchaba. Llegó el bondi, puse la tarjeta en la máquina para zurdos. Una chica me tocó el traste, la miré feo, ella me devolvió una mirada como diciendo: "en esta fila toqueteamos", me corrí. Se desocupó un lugar, una anciana susurró: "éste es el asiento para las viejas, ese para los viejos, los indefinidos van en el estribo". ¿Y las jóvenes?, pregunté; “ah ni idea”, me tiró la viejita. Al bajar un nene se interpuso y me dijo: “primero los enrulados”, asentí con un gesto; acto seguido un calvo me advirtió que ellos bajan segundos, prefiero bajar último y tener lope, pensé contento. Entré a un local de ropa, agarré una camisa y la vendedora me lo prohibió diciendo que esa pilcha era para facheros. Tomé un pantalón y la mina me miró como diciendo: ¿sos tarado, no? Rajé. En una disquería pregunté por el Long Play de Los hermanos Ávalos: "Flaco, los que no tienen onda piden allá", me avisó el disquero. Andate a cagar, opa, susurré. Derecho a la peluquería, entré y vi carteles sectorizando: “Trolos/as”, “Garcas”, “Adictos”, “Chetos”, “Sucios y mal vestidos”, “Desempleados”, “Analfabetos”, “Pelirrojos”, “Extranjeros”. Me senté en el que decía "Todo lo que no se detalló antes". Al rato entré a un bar y pedí una gaseosa; "Tartamudos del otro lado", me rajó el mozo. O-o-ok-k-k-kk-key, dije parándome. Me dieron ganas de orinar. Los mingitorios estaban señalados de acuerdo a determinadas escalas... Como no había nadie, me paré en el segundo, salió un morocho de atrás de una puerta y me gritó que era un farsante, que meara en el anteúltimo; bueh. Salí a la calle, pasé por al lado de una fuente y saqué unas monedas, me increpó un guardia: "¡esas chanchadas no se piden acá, aprenda a leer señor!" Había distintos compartimentos, por ejemplo: deseos sexuales, económicos, salud, de muerte de alguien, de un futuro mejor (la fila daba la vuelta a la esquina), y un lugar que era para los "sin deseos". Pensé que lo mejor era volver a casa, así que encaré para la estación, llegó el tren. Algo llamativo, los vagones estaban categorizados: porteños, provincianos, petisos, flacos, con mal aliento, con hemorroides, negros, blancos, chinos, travestis, pungas, sucios, apoyadores, toquetones, puñeteros, uruguayos, europeos y finalmente uno que decía "otros". El tren ocupaba tres estaciones. Bajé y me encontré con distintos grupos manifestándose, pregunté cuál era el motivo de cada reclamo: contra la invasión de chinos, de peruanos, los cumbieros sin auriculares, los manteros, los pibes chorros, los adictos al paco, los adictos al éxtasis, los no adictos, las prostitutas y los taxi boys, los malabaristas de semáforo, las madres que estacionan en triple fila, los trapitos, los pornógrafos (¡epa!, pensé), contra los que comen carne, los veganos, los obesos, las anoréxicas, los canas, los feos, los judíos, los salesianos, los mormones, los mahometanos, los sin dientes, los manifestantes. Una viejita, sola en un rincón, clamaba contra la discriminación, dos pendejos la escupieron desde el tren y un perro le orinó las piernas. Me fui, en un kiosco pedí un alfajor; ¿doble o triple?, preguntó el tipo. “Andate a la puta que te parió”, fue lo único que se me ocurrió.


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