Antro musical / Ritmo mundial

(WORLD BEAT)

Por Nico Raterbach

Los intercambios culturales producen cosas maravillosas, vale la pena recordarlo. Vamos por un minuto a Inglaterra, fines de los setenta. Los inmigrantes jamaiquinos se integran con los jóvenes ingleses de las barriadas pobres. Desde los sesenta los caribeños cultivaban dos géneros musicales (entre otras cosas): el reggae y el ska. Las primeras canciones de Bob Marley estaban dentro de este último género, si bien se lo conoce por el primero. Vale la pena escuchar a un lampiño y joven Marley tocando canciones memorables como “Mr. Judge” o “One cup of coffee” en este ritmo. Florecieron bandas mixtas de jóvenes blancos y afros por montones, algunas épicas como The Specials, Madness, etc. Por Argentina, la juventud aun se desperezaba de la dictadura. Unos pibes bien, que eran los únicos que podían conseguir discos importados, se jactaban de hacer pogo en el piso de arriba del departamento de los Alsogaray al ritmo de estas bandas. Algunos se conocían de frecuentar  recitales de Sumo o Los Violadores. Hacían esta música, con una estética que rompía el molde del rocker tradicional argento, algo que personalmente, celebro. Unos rugbiers que sin saber tocar bien, siendo benévolos, se animaban al escenario con un nombre un tanto ajeno a la escena también: “Cadillacs 57”. Una fecha a mediados de los ochenta, el dueño de un boliche los promocionó como “Los Fabulosos Cadillacs” y allí, se le dio nombre definitivo a una de las bandas más legendarias de la música nacional. Letras crudas, simples, superficialmente pasatistas, pero con un contenido de crítica profunda al “está todo bien” del rock vernáculo de la vertiente más comercial, que sólo le cantaba al amor y los ojos de las muchachas. Los primeros discos, si bien desprolijos y con algún que otro tema para el olvido, ya mostraba el perfil creativo superlativo de Vicentico (voz) y el Sr. Flavio (bajo). Un par de generaciones empezaron a beber sus primeras cervezas y fumar todo lo que se cruzaba, al ritmo del ska Fabuloso. Habían incluido en escena -y esto no es un detalle menor-, otros instrumentos: percusiones, vientos, teclados. Con esa confluencia, llegan a nuestros días, en cada fiesta que se precie de tal, varios clásicos impecables, entrañables. La experimentación los llevó a explotar ritmos más distantes a sus raíces, como el rap, de la mano de uno de sus integrantes, Luciano Jr. (actualmente se lo conoce como el Tirri) que luego se alejó en buenos términos de la banda, y al que le dedicaron el tema “Caballo de madera”; también incursionaron por ritmos caribeños y otros furcios. Ese camino los llevó a tocar con invitados de lujo como Celia Cruz, Debbie Harry; a ser producidos por los Talking Heads, a compartir escenario con los Red Hot, Cypress Hill; a cantar con Rubén Blades y muchos otros. Varios méritos tienen los Fabulosos, y tal vez, el más desapercibido es, haber sido los pioneros del “World Beat”, de la fusión de estilos, hecha con estilo, incluso antes que los Mano Negra y también con resultados excelentes. Los tardíos ochenta fueron de ellos, y en los noventa se consolidaron como una banda que tenía mucho más que un hit por álbum. Nos han dejado 16 discos, algunos épicos, otros bastante más caprichosos y con el objetivo de llenar y vaciar bateas. Sí, voy a decirlo, “La marcha del golazo solitario” me parece un bodrio. Porque justificar un álbum con un “es experimental, vos no entendés”, es una estupidez. Pero seguramente bailamos ska frenéticamente, nos emborrachamos hasta el ridículo o besamos amores fugaces en nuestra vida, al ritmo del son rabioso, de los bronces oportunos, hipnotizados por la seductora tristeza escénica de Vicentico. Y de verdad, muchas de sus canciones, son verdaderamente algunas de las que sabemos todos. Elegir tres temas entre tantas maravillas, es un tonto privilegio. Ilustrar la obra de estos enormes músicos tan acotadamente, es también un acto injusto. Por eso pedí ayuda a un amigo para continuar el criterio de selección de buscar entre aquellas más olvidadas, o menos taquilleras, pero no por ello menos maravillosas y verdaderamente representativas del estilo Cadillac. Gracias Simón, tenés razón con “aun los escuchamos cantar”. Los invito a que no se les ponga la piel de gallina con “Basta de llamarme así”, la canción de Vicentico para su hermana fallecida. Me da pudor pero debo dejar fuera “Gallo rojo”.    Vamos con esta lista amarreta en número, que chorrea ritmo mundial por todos lados.

“Basta de llamarme así”, álbum “Bares y fondas” (1986, relanzado en 2008 en “La Luz del ritmo”)
“Aun los escuchamos cantar”, álbum “Yo te avisé” (1987)
“Saco Azul”, álbum “Rey azúcar” (1995)



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