Cronistas de a pie


FINLANDIA

Por Ana Guerberof

Con lo movido que está el patio político y económico de la madre patria me resulta arriesgado hablar de este tema, no vaya a ser que una vez acabada la crónica tenga que escribir otra sobre una caída del mercado. Pero, ¡qué es la vida sin correr riesgos! (si no que se lo digan a Murdoch y compañía), y hablemos de este singular país al que quizás deberíamos llamar Suomi, como se dice en finés. Pero, empecemos por el principio.
¿Se acuerdan de Amanda perdida en Japón por amor al arte? O debería decir por amor a los haikus. Renació de las cenizas, como el Ave Fénix, más animada que nunca. Como cabía esperar acabamos con las reservas de vino mendocino para conmemorar su llegada y decidimos en el jardín, a oscuras y con los grillos por testigo, que nos íbamos todos a Finlandia a encontrarnos nuevamente con Risto, el ex novio de Amanda.
Viajamos a Orivesi, un pueblo cerca de Támpere, donde nuestro amigo tiene una cabaña en un frondoso bosque de pinos junto a un lago (acuérdense que por estas latitudes es verano). La cabaña cuenta con su correspondiente sauna, una tradición ineludible si vives o visitas Finlandia. No en vano el país cuenta con más de dos millones para poco más de cinco millones de habitantes. Como aquí el día se prolonga hasta el amanecer (días sin noches en verano y noches sin días en invierno, desencontrados como si estuviéramos en el último acto de Romeo y Julieta) organizamos la tradicional grilli, un asado a la finlandesa con salchichas y ensaladas varias, a la vez que disfrutábamos de una intensa sesión de sauna (adobada con cerveza). Es difícil expresar la sensación de alegría y libertad que se experimenta al bañarse en un lago un tanto helado después de pasar unos quince minutos en el calor intenso. Baste decir que parecíamos un grupo de niños en un parque de atracciones mientras nuestros colegas fineses nos miraban entre divertidos y complacidos. Tras la sesión de sauna nos dieron a probar un típico vodka hecho de brea y los niños del parque se convirtieron en un grupo de perros que se buscaban la cola. Un proverbio finés dice que todas las enfermedades se curan con sauna, vodka y alquitrán y nosotros nos encontrábamos en un proceso irreversible de curación porque reír, ya lo saben ustedes, cura casi todo.
Podría hablar de las ciudades (Helsinki, Turku o Támpere) y de su mezcla entre nórdica y soviética (la historia pesa, y mucho, en la discreta arquitectura), de Laponia y de Joulupukki (o Papá Noel), de los mosquitos asesinos en verano (de los que huyen hasta los ciervos), de los litros de alcohol en los parques (para combatir el frío o para disfrutar del calor, siempre es bueno), incluso de la carne de reno o el arenque (deliciosos), pero realmente lo que más gusta de Finlandia es el paisaje: bosques, lagos, deltas por donde circulan todo tipo de embarcaciones, y sus habitantes. Dice un chiste que la diferencia entre un finés introvertido y uno extrovertido es que el primero, cuando habla, se mira sus zapatos mientras que el segundo mira a los de su interlocutor. Sin embargo, me resultaron cálidos y distantes al mismo tiempo, como si las personas hubieran absorbido el paisaje y fueran por dentro una sauna caliente y por fuera una llanura nevada.
¿Emigrar a Finlandia? ¿Por qué no? Aquí la crisis no ha llegado, ya tuvieron la suya en los 90, y Finlandia siempre ha apostado por lo más importante: la educación. Tiene el nivel más alto de Europa y uno de los más altos del mundo y ¡todo es público! (qué lástima que, en Argentina, se perdiera ese preciado bien). El único inconveniente son los -30º durante el largo invierno. Un pequeño detalle difícil de soslayar. ¡Ah! y el tema del finés, un idioma muy flexivo difícil de aprender. Pero digo yo que siempre se podrá aprovechar la reclusión y aprender palabras como: yliopistokirjakauppa, que sí, son difíciles, pero suenan de maravilla, como casi todo en Finlandia: ¡una maravilla!

PD: ¿Se quedaron con la intriga del romance Risto/Amanda?


No hay comentarios:

Publicar un comentario