Libros


CRIMEN Y LITERATURA

“ESTRELLA DISTANTE”


Por Julieta Nardone
julinardone@hotmail.com

Irónico, cálido y brutal, el chileno Roberto Bolaño (1952 – 2003) arremete en Estrella Distante con su vertiginosa escritura hasta volver manifiesta la porosidad entre la historia y la ficción. Sucesos trenzados por el hilván de esa parte de la historia que no deja de resonar como trauma: el golpe militar del ’73 en Chile.
La trama de esta breve novela (cuenta con 157 páginas) publicada por Editorial Anagrama en 1996, se concentra en los destinos de los personajes, presumiblemente ligados a la izquierda chilena, y que por lo mismo asumen la amenaza de las circunstancias. En este sentido, llama la atención el modo en que el narrador demuestra lo innecesario de entrar en la descripción tan conocida de aquel suceso nefasto a los fines de conmovernos y hacernos reflexionar; e incluso, tal vez por esto mismo, el ritmo de implosión que se percibe permanentemente en el relato no deja de avivar el presentimiento de que todo lo peor, de un momento a otro, está por desencadenarse. El punto culminante de una sociedad desmoralizada.
En la novela, hay una dinámica singular del misterio que se abre en la figura ambigua de un poeta-represor y se disemina a lo largo de todo el libro por la fascinación que ese hombre enigmático genera en el resto de los personajes. Atracción y rechazo. Poesía y muerte –dos términos que casi siempre se retroalimentan- transfigurados, sin embargo, en poesía y crimen. Así, pues, la pretensión de un arte deshumanizado, comandado por un pretendido superhombre (con claros tintes nietzscheanos), busca poner en práctica una modalidad expresiva donde el móvil parece ser la exploración de los límites morales y la corrección política.
No obstante, el enigma se multiplica y toma nuevos derroteros con el correr de los capítulos, lo cual se hace más inquietante todavía a causa de la vaguedad informativa de los testimonios y pesquisas que se desarrollan en torno a los crímenes y desapariciones. No hay lugar seguro (ni palabra) después de la “desbandada”, todo se disloca, se corre de lugar, se desarticula. Por cierto, cabe decir que en este libro la falta total de certezas gana en suspenso. El saber se fractura, se vuelve confuso, al tiempo que deja abierta la posibilidad al lector para coparticipar en el misterio.  
Y por si fuera poco, tampoco faltan las digresiones respecto de la historia central. Marginales pero contundentes, se trata de vidas apasionadas o exageradamente vividas de artistas pobres (o pobres artistas) que entregan una mirada grotesca, irónica y lúcida de esa sociedad demencial.  Basta un botón de muestra para entender de qué les hablo:
“La historia de Petra la debería contar como un cuento: Érase una vez un niño pobre de Chile… El niño se llamaba Lorenzo, creo… y le gustaba jugar y subirse a los árboles y a los postes de alta tensión. Un día se subió a uno de estos postes y recibió una descarga tan fuerte que perdió los dos brazos. Se los tuvieron que amputar casi hasta la altura de los hombros. Así que Lorenzo creció en Chile y sin brazos, lo que de por sí hacía su situación bastante desventajosa, pero encima creció en el Chile de Pinochet, lo que convertía cualquier situación desventajosa en desesperada, pero esto no era todo, pues pronto descubrió que era homosexual, lo que convertía la situación desesperada en inconcebible e inenarrable. Con todos estos condicionantes no fue raro que Lorenzo se hiciera artista. (¿Qué otra cosa podía ser?)”.
Hoy en día, sabemos de sobra que ha corrido demasiada sangre por esos años y la suerte de quienes cuestionaron la realidad ha dado tema para que corra mucha tinta. Esta obra, entonces, es sólo un eslabón de una cadena infinita de voces que buscan entender, o al menos, conjurar el dolor…“Matarse, en ese contexto, sería redundante”, piensa un personaje de Bolaño; y agreguemos que, desde nuestro presente, olvidar significaría impunidad.

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