El 8 de abril falleció Margaret Thatcher,
política británica que se desempeñó como Primera Ministra del Reino Unido
durante la guerra de Malvinas. El deceso de la “Dama de Hierro” no ha pasado
inadvertido para el pueblo argentino. Muy por el contario, generó un eco en
nuestra ciudadanía que pudo advertirse en las redes sociales, medios en general
y charlas en particular. De más está decir que los comentarios no se
caracterizaron por el tenor de las condolencias sino más bien se acercaron a
los festejos o reproches cargados de tristeza porque la muerte la alcanzó antes
de que fuera juzgada por sus actos más reprochables, entre ellos el hundimiento
del crucero General Belgrano, que la convirtió en una criminal de guerra.
Mark Twain, escritor estadounidense, escribió:
“El arte de la vida consiste en conseguir
que hasta los sepultureros lamenten tu muerte”. En ese arte, parece que a
la doña no le fue bien, porque hubo también festejos en Brixton, Bristol,
Liverpool, Irlanda del Norte, Escocia, etc., por distintas políticas que llevó
a cabo desde su puesto de mando.
La muerte es quizás, el más democrático de los
sucesos: a todos nos alcanza por igual. Lo que sí varía, como se puede
apreciar, son las marcas que con nuestros pasos, hayamos podido dejar.
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