Comienzo de clases - Abril 1º


EL VALOR DEL AFECTO

Por Marina Moya / Lic. en Trabajo Social
marinamoyaj@hotmail.com

Si bien con la llegada del Papa Francisco todos los temas parecen al menos banales, nos damos el lujo de recordar que finalmente en marzo comenzaron las clases, y junto a ellas se supone, se instalan los medios y condiciones básicas para que se dé el aprendizaje: instituciones, docentes, horarios, soporte material –bancos, mesas, sillas, pizarrón, cuadernos, carpetas, libros-, alumnos, padres, currículo.
El inicio de clases admite un plus de estrés por lo que significa para toda la comunidad educativa. Terminado el tiempo de la licencia estival, vuelve al ruedo la responsabilidad de la vorágine diaria, de los compromisos con las materias, con el “saber”.
El sentido común ubica al proceso enseñanza-aprendizaje como aquel vínculo entre educador-educando donde se transmite el patrimonio cultural de una comunidad, se adquieren habilidades, conocimientos y destrezas. En el mismo sentido se ubicará al vínculo entre el educador-educando en los términos de la disposición intelectual y humana para el enseñar-aprender.
Aunque poco se hable, se sepa, se escriba o se escuche del “afecto” en la escuela, no es un condimento menor, ni mucho menos prescindible.
El afecto, el deseo, lo que se pone en juego en el vínculo educativo, la expectativa puesta sobre ese niño, sobre sus capacidades, sus necesidades, sus gustos e ilusiones, su historia de vida, “su saber”, mas allá del contenido del que se trate, hacen la diferencia en el contexto de aprendizaje.
Lo viví como experiencia personal. Me sirvió para refutar la creencia y pleitesía que le rendía al contenido, y a la preparación docente. Vi a mi hijo modificarse con una docente. Ni para él ni para sus compañeros, fue una maestra más. Pocos días nos bastaron para comprender la lógica del “afecto”.
Este mecanismo, tan instintivamente humano, que no cotiza en ninguna bolsa del mundo, que no otorga puntaje para el escalafón, muestra un camino donde el aprendizaje se hace posible. Todo un trabajo autorreferencial sobre los nombres propios y la vida de las mujeres importantes, dio pie al encuentro con su propia historia. Fue una búsqueda interna que lo movilizó. Y también lo hizo conmigo. Luego me sorprendió con una consigna donde cada uno debía proyectarse en función de una actividad que le gustaba y en la que fuera “campeón” del mundo. ¿Cómo llegar a eso? La planificación era fundamental para lograr un resultado. La organización. Las prioridades. La tarea era vivenciada en sí misma como un desafío personal. Ansioso se encontraba por volver a la escuela, al tiempo común de “corrección”.
En ese cruzamiento, en esa intersección se encuentran los deseos de “saber”, deseos que se sostienen y multiplican por la mirada cómplice de un otro que también desea. Experiencia intensa que resuena en la conciencia sobre lo educativo y sus alcances. Como aquella plantita que para crecer necesita no sólo de su tutor, sino también del sol, del agua, y de quien la mire y espere verla florecer, en cada primavera.


No hay comentarios:

Publicar un comentario